Uno de los mitos más difundidos sobre la industria
farmacéutica tiene que ver con las patentes y sus efectos en
el acceso a los medicamentos para la sociedad.
Las patentes evitan la competencia desleal en contra de quien
hace el esfuerzo por innovar, y por ello son un derecho humano.
Copiar una solución a un problema requiere menos recursos
que desarrollarla y la patente faculta al innovador para explotar
su desarrollo sin la amenaza de un competidor que, de salir al
mercado, puede vender a precios significativamente menores.
¿Cuánto pagamos las personas y gobiernos por
"tratar de curar" a nuestros seres queridos de
enfermedades que no cuentan con un medicamento eficaz y seguro
disponible?: lo que sea. El precio es literalmente
"infinito". Entre otros requisitos, las patentes protegen
invenciones nunca descritas en ningún lugar del mundo, lo
que se comprueba con un examen riguroso de novedad. Por tanto, una
solución patentada, por definición, está
disponible por